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Un rostro para si mismo

«nadie podrá lucir por tiempo considerable un rostro para si mismo y otro para las multitudes sin que finalmente termine desconcertado en cuanto cuál es el verdadero.

Nathaniel Hawthorne (1804-1864) The Scarlet Letter

La raíz del miedo (Primal Fear, 1996) de Gregory Hoblit es una película basada en la novela homónima de William Diehl (1). Martin Vail (Richard Gere), es un ambicioso y prepotente abogado criminalista que patrocina pro bono a un joven monaguillo de 19 años, Aaron (Edward Norton), acusado de asesinar brutalmente al arzobispo Rushman (Stanley Anderson) de la ciudad de Chicago. Antes de dar cuenta con la vida del purpurado el asesino le cortó los dedos de una mano, lo apuñaló en ojos y testículos y grabó una inscripción en su pecho.

Para Carmelo Romero el guión de La raíz del miedo, reúne todos los requisitos fundamentales de todo drama judicial con elementos propios del thriller. Gregory Hoblit, hijo de un abogado, ajustó cuidadosamente los diversos elementos integrados en su compleja estructura hasta dotar a la cinta del suficiente grado de interés y verosimilitud.(2)

La película se inicia con una declaración de Martin Vail en medio de una entrevista para una importante revista de la ciudad: – El primer día en la facultad de Derecho, el profesor nos dijo dos cosas: de hoy en adelante cuando sus madres les digan que les quieran pidan una segunda opinión. Y si quieren justicia, vayan a un burdel y, si quieren que les jodan vayan a los tribunales. El hecho que Vail se interese si será portada de la revista, nos revela cuáles son los matices de su personalidad: – ¿Crees que me gusta ver mi foto en las revistas? Me encanta, me encanta toda esa mierda. Este abogado penalista, se muestra feliz con la popularidad y la fortuna que su trabajo le reporta: – ¿Para qué ser juez? ¿Para qué ser árbitro si se puede ser jugador?

Este preámbulo sirve como excusa para abordar dos complejos aspectos del sistema de justicia. El primero, si los abogados deben defender a cualquier inculpado aún sabiendo de las atrocidades de sus crímenes o la enormidad de sus delitos. Es la eterna pregunta. ¿Qué pasa si sabes que tu cliente es culpable? – Ni al sistema judicial ni a mi nos interesa eso. Todo acusado sin importar su delito merece la mejor defensa que pueda brindar su abogado. Nos señalará Martin Vail. Cómo se puede defender entonces a alguien que sabes que es culpable. ¿Por dinero? Ciertamente: – he ganado buen dinero. Mi primera pregunta para un cliente nuevo es: ¿Ahorró para los malos tiempos? Han llegado los malos tiempos. Pero no será únicamente el dinero la motivación que encuentra Martin Vail para defender causas de clientes embarazosos: – creo que uno es inocente hasta que se demuestra lo contrario. Creo en ese concepto porque prefiero creer en la bondad básica de la gente. Creo que no todos los delitos son obra básica de gente mala. Y trato de comprender que hay gente muy buena que hace cosas muy malas. Peligroso cóctel de vanidad y altruismo el que nos trae este abogado. El segundo tema abordado es el de la debilidad del sistema de justicia. Cómo cuando nos encontramos ante un acusado que esconde su conciencia, un abogado mañoso, un fiscal inexperto y un juez manipulable se pueden torcer con relativa facilidad al sistema legal.

La trama nos lleva a la supuesta enfermedad mental que padece el acusado. Aaron se presenta como un muchacho atormentado, tímido y con una tartamudez incipiente, es decir, a primera vista como incapaz de cometer un crimen tan monstruoso como del que se le acusa. La versión del muchacho respecto de los hechos es confusa. Niega que cometiera el asesinato, encontró al arzobispo en su habitación con otra persona -a la que no reconoce-, se desmayó y una vez que recuperó la conciencia huyó.

Vail sa mueve con autoridad en los circulos de poder de la ciudad de Chicago. Conoce a los poderosos. Gracias a estas relaciones sabe de la corrupción en el manejo de la política de la ciudad. El arzobispo, no era precísamente amado por toda su comunidad, envuelto en la venta de una tierras a sectores empobrecidos, lo cual hechó a perder un negocio de millones de dólares en una posible remodelación urbanística. Como es evidente los perdedores en esta trama inmobiliaria no deberían estar muy felices.

Durante los exámenes psiquiátricos que se le realizan se descubre que Aaron padece un desdoblamiento de la personalidad que se manifiesta cuando se le somete a excesiva presión, lo que en psiquiatría se conoce como trastorno de la personalidad múltiple. Es cuando aparece un tal Roy. Entonces, el culpable del asesinato no fue Aaron sino Roy su otra personalidad, que no tartamudea, es extremadamente violento y siente un profundo desprecio por los demás.

El trastorno de la personalidad múltiple es una enfermedad muy rara, tanto que en la última edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) de la American Psychiatric Association ha eliminado este padecimiento mental de su lista de patologías. El psicólogo forense Javier Urra Portillo llega a cuestionar incluso su existencia y se pregunta por qué la personalidad múltiple la encuentran los psicólogos forenses cuando el paciente ha cometido un delito grave y es clínicamente muy rara. (3) La respuesta parece obvia. Obviedad que pasa desapercibida para Martin Vail. Descubierta la supuesta disfunción mental del acusado, Martin Vail se encuentra ante un dilema dado que ya no puede cambiar el argumento de la defensa de inocencia al de enfermedad mental.

Con el material necesario que evidencia que el arzobispo no sólo se dicaba a evangelizar a los muchachos de su parroquia sino también a actividades más mundanas con ellos, urdirá una trampa para que se declare judicialmente la demencia de su cliente y se le libere de responsabilidad. La juez decide finalmente, disolver el jurado y emite un veredicto de inocencia, alegando enfermedad mental. El final es una vuelta de tuerca más dentro de los numerosos giros – tal vez excesivos- que nos trae esta historia. Cuando Martin Veil comunica a Aaron el resultado del juicio, éste sabiendo que está amparado por el secreto profesional entre cliente y abogado le manifiesta que nunca padeció ninguna alteración mental y que incluso el asesinato del arzobispo no es el único crimen que ha cometido.

Vail escapa de los tribunales por la puerta trasera, lejos de la apoteosis de reporteros que le esperan para entrevistarle. el verdadero rostro de Aaron sale finalmente a relucir.


(1) William Diehl es autor de numerosos bestsellers como Sharky´s Machine, Thai Horse, Hooligans, Chameleon, The Hunt y la trilogía de Martin Vail y Aaron: Primal Fear, Show of Evil y Reign in Hell. Sólo la primera novela de esta saga ha sido llevada a la pantalla.

(2) Vid. ROMERO DE ANDRÉS, Carmelo. Jauría humana: Cine y Psicología. AA. VV. URRA, Javier (Coord.). Editorial Gedisa. Barcelona, 2004. Pág. 133.

(3) URRA PORTILLO, Javier. Jauría humana: Cine y Psicología. AA. VV. URRA, Javier (Coord.). Editorial Gedisa. Barcelona, 2004. Pág. 138-139.

Ficha: La raíz del miedo (Primal Fear), USA, 129 minutos, Paramount Pictures y Rysher Enter Entertainment, Director: Gregory Hoblit, Guión: William Diehl (novela), Steve Shaga (guión) y Ann Biderman (guión), Música: James Newton Howard, Fotografía: Michael Chapman, Reparto: Richard Gere,  Laura Linney, Edward Norton, John Mahoney, Alfre Woodard, Frances McDormand, Terry O’Quinn, Andre Braugher, Steven Bauer, Joe Spano y Stanley Anderson.

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Culpable de mal gusto: el caso Larry Flynt

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El escándalo Larry Flynt (The People vs. Larry Flynt, 1996) de Milos Forman es como ha señalado con magistral ironía el semanario Entertainment Weekly, la historia de un pionero del periodismo ginecológico.(1) La cinta descubre la tumultuosa biografía del editor porno, Larry Flynt (Woody Harrelson), tumulto que llegó a su apogeo cuando los fiscales del reaganismo desataron una obscena campaña procesal contra un incómodo personaje cínico e iconoclasta, que le llevó de tribunal en tribunal durante años, mientras su negocio se encumbraba y su vida personal entraba en el picado de un inexorable naufragio.(2) Forman no presenta a Flynt como un esteta que hace bellas fotos de mujeres desnudas, lo muestra de un modo honesto como pornógrafo, epítome del mal gusto e incluso de un viejo diablo mezquino, pero apoya su derecho a publicar las revistas.(3) La película tal como la obra del personaje real no estuvo exenta de polémica.(4)

 

 

La historia de Larry Flynt es la de un redneck (provinciano) nacido en Salyersville (Kentuky) que ascendió desde propietario de un bar top less de mala muerte hasta convertirse en líder de la industria del porno. La fundación de la revista porno Hustler, la relación con una de sus cinco mujeres, Althea (Courtney Love) y los constantes pleitos judiciales en el marco de su no menos tumultuosa relación con Alan Isaacman (Edward Norton), su abogado. Estos son los ejes sobre los cuales pivota toda la trama. Forman, nacido en la antigua Checoslovaquia y que vivió los rigores del totalitarismo comunista, declaró que en esta película había un sólo héroe: la Corte Suprema de los Estados Unidos.(5) Puede que sea cierto, pero para elevar a esta instancia judicial tuvo antes que atemperar algunos de los rasgos más exagerados del carácter de Flynt, hasta convertirlo en un personaje creíble y al mismo tiempo que adalid de los derechos civiles en la encarnación del mal gusto. Sin embargo, la exagerada (y degradada) vida de Flynt no se detiene en estos tópicos, Forman omitió sus inicios en el mundo de la sexualidad (con una gallina), sus cuatro matrimonios, cinco hijos (su hija Tonya Flynt Vega acusó a su padre de estupro y hoy es una declarada activista antipornográfica) y algunas de sus excentricidades más notables, como el hecho de que la silla de ruedas que lo sostenía después que fuera baleado es de oro macizo. Demasiadas omisiones para no pensar que esta apuesta realizada por el cine norteamericano constituya una propuesta política. No debemos perder de vista la representación que hace de los sectores más conservadores de la sociedad americana, los cuales son retratados como un conjunto de beatos mojigatos, una representación incluso menos creíble que las sátiras que Flynt retrataba -y aún retrata- en sus revistas.

 

A pesar de todo creemos que la cinta con la defensa del mal gusto amparado en la libertad de expresión como centro, es sumamente jugosa en una nación donde la censura en sus más diversas formas es una realidad diaria. Los casos contra la obscenidad han sido muy comunes en los Estados Unidos, como muestra podemos citar el proceso United States v. One book called Ulysses, donde un grupo denominado Sociedad de Nueva York para la Supresión del Vicio (New York Society for the Supression of Vice) logró que en 1921 el trabajo de James Joyce fuera prohibido hasta que en 1933 el Juez John M. Wolsey declaró que el libro no era obsceno y por lo tanto no era pornográfico. Otro caso no menos famoso es el proceso que encaró en 1990 el director del Centro de Arte Contemporáneo (Contemporary Arts Center) de Cincinnati, Dennis Barrie, por exhibir unas fotografías de sexo explícito del fotógrafo Robert Mapplethorpe.(6)

 

Pornografía es una de las temáticas que se esconde debajo del ropaje de lo obsceno, sin embargo, incluso si consideráramos que lo obsceno debiera ser prohibido, debemos aceptar que nos encontramos ante un concepto difícil de etiquetar. Basta para ello revisar la jurisprudencia agregada de los tribunales americanos para identificar a la obscenidad, hasta el famoso caso Miller vs. California, donde para determinar si algo es obsceno, la Corte Suprema señaló que se debían cumplir tres requisitos: (i) si una persona promedio, usando normas comunitarias contemporáneas encuentra que la obra, en su totalidad, apela al interés lascivo; (ii) si la obra presenta o describe de una manera evidentemente ofensiva, una conducta sexual específica en los términos definidos por la ley; y, (iii) tomada en su conjunto, la obra carece de valor literario, artístico, político o científico. Este test nos revela un hecho incontrastable, la dificultad, de desarrollar una definición de lo obsceno que no sea vaga o subjetiva, pues tal como señaló en su oportunidad el juez John Marshall, la vulgaridad de un hombre es la lírica de otro.(7)

 

El imperio pornográfico de Larry Flynt empieza en 1974 con la publicación de la revista Hustler (la revista de peor gusto más vil, más repugnante y más fabulosa de pornografía que existe), con la finalidad de publicitar su bar en bancarrota. Los parroquianos reciben la publicación con agrado, lo que incentiva a Flynt a hacer que su revista compita con Playboy y Penthouse a las cuales acusa de hipocresía al ocultar sistemáticamente los cuerpos. La estrategia de mostrarlo todo de Husler logra capturar en poco tiempo a la tercera parte del mercado. Desde sus orígenes, Hustler muestra partes del cuerpo tradicionalmente prohibidas incluso para las revistas del género, como el órgano sexual masculino erecto, mujeres embarazadas y sexo interracial.(8 )

 

Los excesos de la revista no generan mayor entusiasmo hasta que consigue publicar unas fotos de Jackeline Onasis (ex esposa del presidente Kennedy) desnuda en una isla griega. El resultado de estas fotos encumbró a la publicación (se vendieron más de dos millones de ejemplares). En 1976 Charles H. Keating Jr. (James Cromwell) líder de un grupo local contra la pornografía denominado Citizens for Decent Literature (Ciudadanos en pro de una literatura decente) logró que se abrieran cargos contra Flynt por obscenidad y por participar en el crimen organizado. Es en este momento donde entra en acción Alan Isaacman, joven abogado de 27 años, egresado de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard e interesado en los derechos civiles, en la cinta defendería a Flynt en éste y en todos sus casos subsiguientes. Durante el proceso, el fiscal Simon Leis (James Carville) sostendrá los criterios morales de la acusación: la revista Husler muestra a hombres y mujeres posando juntos de una manera lasciva y vergonzosa, Hustler presenta a mujeres y mujeres juntas de una manera lasciva y vergonzosa, la revista Husler presenta a Santa Claus posando de una manera lasciva y vergonzosa. La defensa de Isaacman ante el juez del condado de Hamilton, W.M. Morrissey (Larry Flynt) se basó en la denuncia de un juicio selectivo, pues otras revistas con contenido similar no habían sido procesadas por estos cargos. Ante la pregunta del fiscal de si una comunidad debía fijar sus propios criterios morales, Flynt centró el tema defendiendo el derecho de cada individuo para establecer sus propios criterios morales: No, eso es censura disfrazada. Este país es tan mío como lo es de usted. Si no le gusta Husler no la lea. Durante su informe oral Isaacman defenderá los mismos principios: me gusta vivir en un país donde puedo comprar la revista Husler y leerla si quiero, o tirarla a la basura si me parece apropiado. O mejor aún, puedo comprarla. Me gusta tener ese derecho, lo aprecio. (…) Es una magnífica forma de vivir. Pero esa libertad tiene su precio, que es tener que tolerar ciertas cosas que no nos gustan (…) podrán pensar lo que quieran sobre Larry Flynt y la revista Husler pero pregúntense si quieren tomar la decisión por todos. Flynt fue hallado culpable por el jurado y condenado a 25 años de prisión. El Tribunal de Apelación revocó la sentencia y puso a Flynt en libertad.

 

Dos años después Flynt fue acusado de vender pornografía (su propia revista) en el estado de Georgia. Durante el juicio que se desarrolló en el juzgado del condado de Gwinnett, Flynt señaló que el único límite que tiene el individuo es la ley. Desde su perspectiva puede prohibirse la circulación de una publicación sólo si así lo dispone la ley, no si se califica a dicha publicación como obscena: Quizá esté mal, para cierta gente retratar a mujeres como yo lo he hecho. Pero no es ilegal. Quizá no sea prudente beber mucho, pero no es ilegal. Quizá el aborto sea repugnante moralmente, pero en este momento no es ilegal. Si queremos cambiar las leyes es otra discusión. Pero el derecho de decidir por cuenta propia no puede ser restringido. Flynt fue absuelto por el Tribunal. A la salida de la sede judicial Flynt fue baleado por un desconocido, lo que le provocó una parálisis permanente en las extremidades inferiores (9).

 

En 1984, la publicación en Hustler de una parodia de un conocido anuncio de licor (Campari) donde se satirizaba al predicador Jerry Falwell (Richard Paul), envolvió a Flynt en otro caso. La parodia contenía una supuesta entrevista a Falwell donde hablada de su “primera vez”, éste reconocía haber mantenido relaciones sexuales iniciales con su madre en una letrina y que sermoneaba a sus seguidores completamente borracho. Falwell demandó a Flynt por difamación y por infringirle daño moral, pidiendo una indemnización de 40 millones de dólares. En la reconvención Flynt, demandó al pastor por violación de sus derechos de autor en la medida que para recaudar fondos para su causa había fotocopiado y distribuido el anuncio de Hustler entre sus feligreses sin contar con la autorización de la revista. Durante la vista en un Tribunal del Distrito de Roanoke (Virginia), la defensa argumentó que cualquier persona en su sano juicio podía entender que nos encontrábamos ante una parodia, lo cual en nada lesionaba la reputación de Falwell. Flynt fue absuelto del cargo de difamación pero condenado por causar sufrimiento emocional, éste recurrió el fallo ante la Corte Suprema de los Estados Unidos, que estimó el recurso.

 

 

Isaacman se encuentra ahora en un dilema, Flynt es un buen cliente, tiene mucho dinero y está continuamente envuelto en pleitos. Sin embargo, el precio que está pagando por defenderle no es pequeño. Este excéntrico cliente gusta de retar a los tribunales de diferentes formas, ya sea apareciendo ante el juez vestido con uniforme militar, con un polo donde se puede leer “que se joda esta corte” e incluso llega a arrojar naranjas a un juez o a escupir en la Corte. Isaacman, teme con razón que este espectáculo se repita ante la Corte Suprema: los abogados sueñan con un caso como este frente a la Corte Suprema. (…) Pero no voy a ir contigo. Yo te he dado lo mejor de mí desde que la gente se reía de ti. Y cada vez que me presento contigo me jodes con tu número de circo. (…) No lo voy a hacer frente a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Pero la tentación de defender un gran caso ante la Corte Suprema es una manzana a la que pocos abogados pueden sucumbir.

 

Durante la vista en la Corte Suprema Isaacman recuerda una sátira de una publicación del siglo XVIII en donde aparecía George Washington conducido por un burro y donde la leyenda advertía que se estaba conduciendo un burro al capitolio. El conservador Juez Scalia (Rand Hopkins) interviene y recuerda a Isaacman: Yo puedo tolerar eso, George también. Pero eso dista mucho de cometer incesto con su madre ¿No hay una división entre ambos casos? Isaacman develará el centro de su defensa, sin difamación la discusión se centra únicamente en una cuestión estética: No Juez Scalia. Yo diría que no hay división. Usted está hablando de una cuestión de gusto no de derecho. Como dijo usted mismo, creo yo, en Pope vs. Illinois es inútil discutir sobre gusto, y más inútil aún litigar. Esa es la cuestión aquí. El jurado ya determinó que esta es una cuestión de gusto y no legal, al decir que no hay difamación. La Corte Suprema en un fallo unánime revocó la sentencia del tribunal del distrito al entender que no era aceptable el argumento de Falwell en el sentido de que debía responsabilizarse al editor de una publicación por una sátira ultrajante a una figura pública. La Corte destacó el hecho de que a través de la historia de los Estados Unidos la descripción gráfica y la caricatura satírica habían tenido un papel predominante en el debate público y político. Para la Corte si la causa de la ofensa es la opinión de quien la expresa, esa consecuencia es razón para otorgarle protección constitucional. (10)

 

Más allá de la credibilidad de la cinta, lo cierto es que Flynt y su revista Hustler sirvieron como uno de los parachoques para limitar el modelo moral que se intentó imponer durante la administración del presidente Reagan. Sin embargo, aún cuando la causa de Flynt genera muchas adhesiones es un hecho indudable que su figura no merece mayores entusiasmos. Lo mismo se dice en la cinta cuando un reportero le comenta a Flynt luego de salir de prisión: mucha gente apoya a Hustler pero nadie lo quiere apoyar a usted. El propio Flynt apologizará respecto de su batalla personal: ¿Por qué tengo yo que ir a la cárcel para proteger su libertad? Después de todo como el propio personaje nos dirá en un pasaje de la película: Yo sólo soy culpable de tener mal gusto.


(1) MÜLLER, Jürgen. Lo mejor del cine de los 90. Taschen, Madrid. 2003.

(2) FERNÁNDEZ-SANTOS, Ángel. Nadar y guardar la ropa. En: El País. Edición del 6 de marzo de 1997.

(3) MÜLLER, Jürgen. Lo mejor del cine de los 90. Taschen, Madrid. 2002.

(4) Columbia Pictures censuró el póster de la cinta, en la que aparece el actor que interpreta a Larry Flynt en la postura de Cristo crucificado con una bandera de los Estados Unidos a modo de calzón sobre la pelvis de una mujer. En Francia, el cartel fue cuestionado por asociaciones católicas y exigieron judicialmente su retirada por considerarlo ofensivo. Los jueces consideraron que si algo se le podía reprochar al cartel era su mal gusto, pero que no ofendía los sentimientos religiosos de la comunidad denunciante. Vid. CAVESTANY, Juan. El pornógrafo crucificado. En: El País. Edición del 21 de febrero de 1997.

(5) FERNÁDEZ-SANTOS, Elsa. A veces son las mentes más sucias las que aman de forma más limpia. En: El País. Edición del 22 de febrero de 1997.

(6) Este caso ha sido llevado a la pantalla en la telecinta Fotografias obsenas (Dirty Pictures, 2000) de Frank Pierson con las actuaciones de James Woods y Craig T. Nelson.

(7) AMERICAN CIVIL LIBERTIES UNION. Libertad de expresión en artes y entretenimiento

(8 ) KIPNIS, Laura. (Male) Desire and (Female) Disgust: Reading Husler. En: Popular Culture: production and consumption. HARRINGTON, Lee y Denise BIELBY (Eds.) Blackwell Publishing. 2004. Pág. 137.

(9) Flynt fue baleado a la salida del jurado cuando era acompañado por el abogado local Gene Reeves y no con Isaacman, como aparece en la cinta. Poco después, un asesino en serie y supremacista blanco, Joseph Paul Franklin confesó haber perpetrado el atentado por unas fotos de sexo interracial aparecidas en Husler. Franklin nunca fue enjuiciado por este hecho.

(10) GOODALE, James C. La Primera Enmienda y la libertad de prensa

 

Ficha: El escándalo Larry Flynt (The People vs. Larry Flynt, 1996) USA, 130 minutos, Columbia Pictures, Director: Milos Forman, Guión: Scott Alexander & Larry Karaszewski, Música: Thomas Newman, Fotografía: Philippe Rousselot, Reparto: Woody Harrelson, Courtney Love, Edward Norton, Crispin Glover, James Cromwell, James Carville, Brett Harrelson y Donna Hanover.


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