Matar a un ruiseñor

No podemos estar más de acuerdo con Michael Asimov cuando señala que Matar un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, 1962) de Robert Mulligan es una obra de arte que se desarrolla brillantemente a cada nivel (1). La cinta, basada en la gran novela del mismo nombre de Harper Lee (2) no ganó el Oscar a mejor película porque coincidió ese año con Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962) de David Lean. Como ha señalado Jürgen Müller si se considera la historia de los Estados Unidos sus mitos, miedos y esperanzas, y se escucha atentamente el relato de la convivencia de generaciones y razas en un país de contradicciones peligrosas y optimismo ilimitado, no se debe pasar por alto a un libro y a una película: Matar a un ruiseñor. La novela y el largometraje se han grabado en la memoria colectiva americana como sólo lo han hecho Tom Sawyer y Huckleberry Finn.(3) La trama se desarrolla en un pequeño y bucólico pueblo del sur de los Estados Unidos en medio de la Gran Depresión. Las imágenes nos llevan hacia una postal del profundo sur, un paisaje cansado y dormido que bien podría extraerse de un texto de Mark Twain o de una novela de William Foulkner. Matar a un ruiseñor, como también lo hicieran sus contemporáneas El sargento negro (Sergeant Rutledge, 1960) de Jonh Ford o Adivina quién viene a cenar esta noche (Guess Who´s Coming to Dinner, 1967) de Stanley Kramer, aborda algunos de los problemas más álgidos que enfrentó la sociedad americana en la década de los sesenta: el funcionamiento de los tribunales, el papel de los negros en la sociedad, las relaciones sexuales interraciales y la discriminación.

Estos dos temas son tratados por Hollywood de forma regular pero desde una discurso dualista casi sin ninguna tonalidad, ejemplo de ello son las cintas Causa justa (Just Cause, 1995) de Arne Glimcher, Mississippi en llamas (Mississippi Burning, 1998 ) de Alan Parker y Ejecución inminente (True Crime, 1998 ) de Clint Eastwood. La historia nos sumerge en los recuerdos de Scout Finch (Mary Badham), de cuando era una niña de seis años, de allí tenemos el dibujo de un mundo sencillo, cándido y reconocible, pero al mismo tiempo, bañado por esa sensación de irrealidad propias de las cosas embellecidas por la memoria (4). Nos encontramos en el caluroso y polvoriento pueblo de Mamcomb en el estado de Alabama, donde Scout y su hermano Jem (Phillip Alford) intentan conocer al personaje mítico de Boo Radley (Robert Duvall), un vecino con problemas de retardo que sus padres prefieren cuidar en casa antes que mandarlo a una clínica para enfermos mentales. En este pueblo conviven enfrentados en su pobreza y sin apenas tocarse, la dominante comunidad blanca y el menospreciado colectivo negro. El padre de Scout, Atticus Finch (Gregory Peck) es un abogado viudo, sobrio e idealista que trata de educar a sus hijos en la tolerancia. Un hombre bueno y comprensivo en un lugar donde entre el polvo de las calles y detrás de las fachadas de las casas de estilo colonial se esconden los miedos y miserias de esta gente común hundida en la desesperanza.

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Esta película, como bien ha señalado María Donapetry (En defensa de la subjetividad del cine), no es sobre el sistema judicial del sur de los Estados Unidos, a pesar de que el juicio ocupa gran parte de la trama, sino de un sistema moral cargado de prejuicios. Las virtudes que se exaltan no son las del abogado listo, ingenioso y conocedor del sistema legal, sino las de la nueva generación que, a través del abogado Atticus, aprende a internalizar otra moral. Atticus es designado defensor de oficio en un juicio en el que un joven negro, Tom Robinson (Brock Peters), es acusado falsamente de violar a una mujer blanca, Mayella Ewell (Collin Wilcox), pobre e ignorante. Atticus acepta el reto a pesar de la oposición de la comunidad a la que pertenece y de la adversidad de tener que convencer a un jurado compuesto únicamente por ciudadanos blancos.

Atticus denuncia durante el juicio la presunción de culpabilidad de su defendido sólo por el hecho de ser negro, rechaza la indigna suposición de que todos los negros mienten, de que en el fondo todos los negros son unos inmorales. Este hecho se pone en evidencia si tenemos en cuenta que tanto la fiscalía como la defensa tienen el mismo catálogo de pruebas: la palabra de los acusadores blancos contra el dicho del supuesto violador negro. Lógicamente los dos testimonios no tienen el mismo valor. La versión de Mayella es que Tom la atacó, sujetándola del cuello y golpeándola con el brazo izquierdo. Por su parte el acusado sostiene una posición diametralmente distinta, que mientras él hacía en casa de Mayella algunas labores domesticas fue ella quien se echó sobre él besándole y abrazándole. Las heridas que Mayella lastra en el juicio fueron ocasionadas en realidad por su propio padre. El alegato final de Atticus ante el jurado es a decir de Agustín Compadre, un análisis psicológico exquisitamente estructurado acerca de las motivaciones racistas que propiciaron la falsa denuncia.(5): “Siento compasión por ella, víctima de una cruel pobreza e ignorancia, para tratar de ocultar su propia culpabilidad, porque fue el hecho de sentirse culpable lo que la impulsó a esta acusación: ella era blanca y había incitado a un negro”. Atticus desnuda la realidad. Lo imperdonable era que una mujer blanca deseara a un hombre negro, lo cual constituía una situación inaceptable para los ojos de la comunidad. En realidad, era Mayella y no Tom la verdadera transgresora de las normas de convivencia imperantes entre negros y blancos.(6)

Pero el pacífico Atticus da un paso más y golpea nuevamente, esta vez, al sistema judicial americano y a la idea de que el jurado es el mejor sistema para administrar justicia: “En este país los tribunales tienen que ser de una gran equidad, y para ellos todos los individuos han nacido iguales. No soy un iluso que crea firmemente en la integridad de nuestros tribunales y en el sistema de jurado, no me parece lo ideal, pero es una realidad a la que no hay más remedio que sujetarse”. Una sociedad prejuiciada, repetirá el mismo patrón ideológico en la conformación de sus jurados, como el propio Atticus sentenciará en una parte de la cinta: “El sitio donde un hombre debería recibir un trato justo es precisamente en una sala de juicios, pero las personas siempre se las arreglan para llevar consigo sus resentimientos al recinto del jurado”.

Como no podía ser de otro modo, Tom es declarado culpable. Sin embargo, en el transcurso de su frustrada tentativa de fuga muere por las balas de sus celadores, adelantándose al destino que ya se le tenía preparado.


(1) ASIMOV, Michael. When Lawyers Were Heroes. En: University of San Francisco Law Review. 1996. Volumen 30, Número 4. Pág. 1135.

(2) Harper Lee era hija de un abogado y estudió Derecho en Alabama. Matar a un ruiseñor es una novela en gran parte autobiográfica, construida desde los recuerdos de infancia de la autora en Monroeville en 1932 en plena depresión. En este contexto social es que se desarrolla la novela, única que escribiría la autora, con la que obtuvo el premio Pulitzer. Vid. ROMERO DE ANDRÉS, Carmelo. Jauría humana: Cine y Psicología. AA. VV. URRA, Javier (Coord.). Barcelona: Gedisa. 2004. Pág. 152.

(3) MÜLLER, Jürgen. Cine de los 60. Madrid: Taschen. 2003.

(4) FERNANDEZ VALENTÍ, Tomás. Matar un ruiseñor. En: Dirigido por… No 328, noviembre de 2003. Pág. 94. Apud. SOTO, Francisco y Francisco FERNÁNDEZ. Imágenes y justicia, El Derecho a través del cine. Madrid: La Ley. 1994. Pág. 61.

(5) COMPADRE DIEZ, Agustín. Op. Cit. Pág. 152.

(6) NAVARRO, Antonio José. Justicia y racismo. A propósito de El sargento negro y Matar a un ruiseñor. En: Nosferatu, Revista de Cine. No 32, 1989. San Sebastián. Pág. 14.

Ficha: Matar a un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, 1962), USA, 129 minutos, Universal, Director: Robert Mulligan, Guión: Horton Foote, Música: Elmer Bernstein, Fotografía: Russell Harlan (B&W), Reparto: Gregory Peck, Mary Badham, Brock Peters, Phillip Alford, John Megna, Frank Overton, Rosemary Murphy y Robert Duvall. Productores: Alan J. Pakula & Robert Mulligan.


5 comentarios

Archivado bajo Derecho Penal, Derechos Fundamentales, Estados Unidos, Jurisprudencia, No discriminación, Proceso Judicial, Sistema de jurado, Violación

5 Respuestas a “Matar a un ruiseñor

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  3. Marta

    alguien me puede decir que valores morales se encuentran en esta película?
    los necesito rápido

  4. nerea

    Alguien me puede decir de donde viene el titutlo?gracias

    • REBECCA

      Cuando a Atticus le enseñó su padre a disparar le dijo que podía hacerlo contra los pájaros. Excepto a los ruiseñores, ya que no hacían daño: no se comen las semillas, ni perjudican con los nidos… simplemente nos regalan su canto.

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